miércoles, 18 de enero de 2017

Ciudades y Oceanos

Hace mucho, mucho tiempo existieron dos grandes naciones, la nación de las ciudades que cubría las colinas y montañas con hermosas casitas de techos rojos y la de los océanos que llenaba sus hermosas aguas de peces, corales y caballitos de mar. Estas dos naciones estaban en guerra.

Guerra es como llaman los adultos a sus peleas.

Los golpes y los pellizcos se habían convirtieron en chichones y morados, y los arañazos habían dejado sus marcas color café y ya no recordaban porque habían empezado a pelear, ni quien había empezado la pelea.

Todos los días pelean sin parar, en la nación de las ciudades todos los techos rojos de las casitas estaban llenos de cañones y sus callecitas repletas de tanques y soldados esperando para atacar si alguien se acercaba y en la nación de los océanos los barcos armados cubrían las aguas protegiendo las profundidades de quien quisiera entrar en ellas.


Un dia la princesa de las naciones construyó una nave poderosísima de dobles motores de plata capaz de volar, la princesa monto en la nave y voló rápidamente sobre el océano, acabando con todos los barcos mientras esquivaba los ataques desde el mar.

La reina sirena de los océanos creó un gigante de coral indestructible y llevándolo fuera del mar por la playa, aplastó con sus poderosos pies todos los cañones, tanques y casitas.

Cuando llegó la noche la batalla había terminado la princesa de las naciones se dio cuenta que no quedaba nada más en el océano y regresó en su nave a la nación de las ciudades. Igualmente la reina sirena vio que no quedaba nada de pie en la nación de las ciudades y regresó a su hogar en las profundidades.

Cuando llegaron se dieron cuenta que ya no había nadie con quien jugar, ni juguetes, ni nada que hacer y se sintieron tristes y empezaron a llorar, lloraron tanto que las lágrimas cubrieron por completo sus naciones.

En las ciudades las lágrimas que cayeron de sus ojos se convirtieron en casas, personas, mascotas, calles. Y el océano se llenó nuevamente de peces, corales y toda clase de criaturas marinas.
Las dos se sintieron muy felices de ya no estar solas y decidieron que nunca más pelearían. Que si una golpeaba ambas llorarían y si una llegaba primero ambas ganaría y siempre estarían juntas.
Así la princesa de la nación de las ciudades podría disfrutar del mar y la reina sirena de los océanos de las grandes montañas y bosques.

Desde entonces ya no hay más llantos sino juegos y no hubo más golpes sino abrazos.