sábado, 4 de abril de 1998

Aquel dia se despejó la niebla

Aquel día se despejó la niebla y pude observar al fin tus hermosos ojos viéndome fijamente, fue tan irreal que memoricé aquel momento para nunca olvidar la sensación de obtener tu atención en mis pupilas aunque fuera una sola vez, un solo instante. Pero ahora casi muero de espanto al darme cuenta que he caído en mi propia trampa encerrándome en una hermosa jaula de oro. Todas las noches me duermo pensándote he imaginándome como salir de este encierro. En este momento eres para mi como un castillo de naipes, es tan hermoso que no puedo dejar de apreciarlo, ni alejarme siquiera, pero no puedo acercarme mas o tratar de colocar otra carta mas a su cúspide pues tengo miedo que se llegue a derrumbar un mis manos, temo perderte, temo que desviar tu vista de mis ojos, que tus palabras se llenen del vacío, de que tus caricias se alejen de mi para siempre, de que mi recuerdo se vuelva frustración y mis palabras un castigo y que todas las dimensiones que de tí conocí se pierdan tras una simple palabra que hubiese sido mejor no decir.