jueves, 4 de junio de 1998

Siempre

Almas malignas que en palacios de oro, admiran de lo alto al pueblo en los campos, que con su labor incrementan las arcas del supremo opresor. Y en plata de júbilo desde la tierra al cielo, como gigante, con su sombra cubre los prados y villas; de piso en piso de mármol y esmeralda se cubren; y en la cúpula del edificio, en un aposento de seda y satín, la princesa del tiempo infinito y del universo sin fin, descansa en pacífica armonía sin apuro ni prisa, que su reinado, que cubre la tierra de amor y verdad; llegue por fin destruyendo con corceles negros, de fuego y tormenta, a tierra derrumbe palacios que con la marca dorada del emperador antiguo reinaron en algún tiempo que ya nadie recuerda.