domingo, 4 de junio de 1995

Caida Libre

Una noche de septiembre, un abrigo, unas botas y un desgraciado que caminaba hacia el edificio gris de grandes ventanas sin detenerse, cruzó la puerta y entró al oscuro ascensor, presionó el botón que tenía impreso el número 45; y subiendo lentamente entre las sombras organizó su traje y con relajada postura pasó el piso 22, cuando llegó a su destino, se puso sus lentes oscuros, atravezó el pasillo paso a paso y cuando llegó a la ventana no se detuvo y voló, 40... nada, 30... la vió en destellos, 20... ahí estaba hermosa como la primera vez, entre lazos de seda, 10... ella lo dejó y por eso volaba ahora; y cuando casi tocaba el piso, entendió que no importaba, que no era el fin del mundo... Por lo menos lo entendió.